viernes, 28 de marzo de 2014

La soledad del extranjero

No existen países, abajo con esa necedad.

Un país es ante todo una ficción,
      un recuerdo impuesto,
programado.

Una nacionalidad es un azar, por que uno realmente nunca decide donde nacer.
Una nación se construye de fronteras difusas, inexistentes.
Su geografía es el borde amarillento de mapas enmohecidos en las bibliotecas del ayer.

Lo que si existen son comunidades; de personas, seres humanos que se congregan, interactúan, se buscan entre sí constantemente.

Ciudades luminosas que las personas frecuentan, y que dejan sentir el calor que emana de ese fuego, un fuego que no es combustible, si no que nace de la pertenencia en un grupo de otros similares a uno.

El extranjero es uno que busca, conversaciones, ideas, imágenes.
Es uno que reconoce que el azar no es necesariamente un ancla, sino tan solo un punto de partida.

Ser extranjero permite un experimento ingenioso.
Este consiste en colocarse a uno mismo bajo diversas situaciones, enfrentarse a los mas inverosímiles contextos, preguntarse si uno en ese lugar puede llegar a ser todo su potencial (por que uno en el fondo es eso, un cúmulo de posibilidades).

El extranjero viaja, por que sabe que es lo que tiene que hacer.
Se imagina a si mismo un gregario, un errante. Pero al final la comunidad siempre le llama, aún cuando no sepa donde se encuentra, aún cuando no tenga clara noción de lo que está buscando. Con una intuición siempre que lo mueve, le llama tácitamente a buscarse a si mismo en sus otros.

Ser extranjero es ser incompleto; un constante errar por caminos solitarios,
tratar de llenar muchos vacíos, la mayoría de veces en vano.

A veces lo logras, solo a veces, el extranjero soy yo.

4 comentarios:

Alda Lisbeth Díaz Cavallo dijo...

Notable!
:)

El autor dijo...

El tico, chapín, guanaco, chileno, eterno viajante. Qué grande sos

Fernanda dijo...

... andar buscando un lugar que no existe.

Iván Morales dijo...

..que también sería otra forma de definir la nostalgia.